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27 de abril de 2008

Te has ido por fin


Te has ido de mí. Por fin.


Eras como ese virus que reincide
en un organismo débil,
parasitando fuerzas,
vampirizando ganas.

Te has ido de mí.
Y es ahora cuando recobro la cordura.

De nuevo paladeo lo dulce
de mi propia existencia.

Resulta que el sabor agrio
procedía de tí,
y que todo el dolor
que me inmovilizaba
no era más que un molesto amor
que me venía pequeño
y me asfixiaba la voz y la cintura...
Y es que una prenda, si no sirve
hay que dejarla para otros
para caminar desnuda, completamente
descalza en cuerpo y alma.
Sólo hay que soltar amarras
y desabotonar la angustia...
para que se vaya.




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