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10 de mayo de 2010

Cositas que duelen

El cuerpo, por fin, se me ha terminado rompiendo un poco.
Cansancio, agotamiento, y todas las señales de alarma para avisarme de que he de parar en seco, y sentarme a reflexionar sobre qué estoy haciendo, o hacia donde quiero llegar.
Ralentizaré el paso, para no romperme del todo.
Y parece que el tiempo se para, y los días parecen estar en carne viva, y las noches escuecen.
Y todo hiere, todo duele: un mal gesto, una palabra desafortunada, el que un amigo obvie algo importante para ti, quizás de forma inconsciente (eso deseo creer), como cuando se olvidan de tu cumpleaños o no te mencionan en su blog, cuando esperas todo, o parte, del cariño del mundo, precisamente el que tú entregaste en su día.
Se cae en la cuenta de que en este mundo mercantilista, no todo es trueque, y que precisamente si entregas atenciones y amor, no siempre recibes a cambio aquello que deseas, y el sentimiento de que algo en el orden universal de las cosas falla te atraviesa y te llena de resentimiento: me habéis engañado todos los que siempre decís que se recoge lo que se siembra.
¿Qué pasa con los temporales inesperados? ¿y con los pájaros que devoran la simiente?
Sé que mañana, cuando ya esté mejor, y me recomponga como un rompecabezas preparado para aguardar a deshacerme de nuevo, estas reflexiones carecerán de sentido, me parecerán de lo más absurdo, y así seguiré creyendo que sí, que he de sembrar, para recoger, y enfrascada en esta faena, de forma automática ir gastando el tiempo que me queda.
Mientras me rehago, y me vuelvo a deshacer, intentaré sonreirle a la vida, para ver si se cumplen vuestros consejos, y ésta me devuelve la sonrisa, mirándome a los ojos, o mejor aún, una carcajada, sin ironía, por esta vez.

5 comentarios:

Cathan Dursselev dijo...

Charo, mujer, sube el ánimo. Estas a las puertas de algo grande que debes disfrutar al máximo. No dejes que pequeñeces te afecten. Precisamente tú me has enseñado que hay cosas que no nos deben doler, no dejes que te afecten más de lo debido. Mirá tu cuerpo y cura sus héridas, pero deja que tu alma sea tan fuerte como siempre lo fue.

veronica pedemonte dijo...

Charo, algunos me encuentran corrosiva. Lo que no soy es hipócrita.
Claro, que todos tenemos que encontar el centro. Y eso duele.

Mi hija perdió una muñeca en el mar y lloró mucho, para consolarla le dije que esa muñleca llegaría hasta China y otra niña la cuidaría. Eso la tranquilizó mucho y dejó de llorar. Cuando mi hermana Nora adoptó una niña china mi hija me recordó el episodio de la muñeca.

Un abrazo

Lely Vehuel dijo...

Hola,hoy sali a conocer mas sitios y aqui me encuentro,son muy lindas tus letras,provocan una profunda sensacion de agrado,seguire pasando de visita.Te invito a conocer al Señor Humor en mi blog Cuentos y Orquideas,mucha luz y hasta pronto...

Anónimo dijo...

To be a noble charitable being is to from a philanthropic of openness to the world, an ability to trust undeterminable things beyond your own manage, that can front you to be shattered in hugely extreme circumstances for which you were not to blame. That says something exceedingly weighty about the get of the ethical life: that it is based on a corporation in the unpredictable and on a willingness to be exposed; it's based on being more like a weed than like a jewel, something kind of feeble, but whose mere precise attractiveness is inseparable from that fragility.

Anónimo dijo...

Advice in old age is foolish; for what can be more absurd than to increase our provisions for the road the nearer we approach to our journey's end.
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