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29 de marzo de 2011

DOMINGO DE INFANCIA

Volver de la familia
implicaba oír el fútbol en la radio
del coche de mi padre.

Llegar rápido a casa
lavarse los churretes de los juegos,
dejar atrás el olor a galletas
y los chicles que arrojaban aviones
de guerra en las macetas de geranios.

No sabíamos que era irrepetible,
también, el sol de marzo
zambulléndose en la tarde, la risa
a carcajadas, la tristeza tonta
por sentir cerca el lunes de colegio,
efímeros domingos de la infancia
que duermen en mi caja de recuerdos.

© Rosario Troncoso

2 comentarios:

Ulysses (¿por qué no?) dijo...

Esa es una de las cosas que casi siempre aprendemos demasiado tarde: La irrepetibilidad (palabro horrible del que no me arrepiento para nada) de todo lo que va sucediendo. Cuando somos conscientes (si alguna vez lo somos realmente) podemos disfrutar la magia del instante.
Un abrazo en la distancia.

Natt dijo...

la irrepetibilidad es uno de los amantes mas fieles del señor tedio por ello no siempre nos fijamos en la magia de un instante que se pierde en la distancia