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30 de noviembre de 2007

A mi perro


Hoy registrándome en una nueva cuenta de correo para poder crearme un álbum de fotos digital, he caído en la cuenta, de nuevo, de que ya no estás.
Al final del cuestionario, debía indicar una respuesta a una pregunta que se expandía en un menú de esos desplegables y fríos: ¿Cómo se llama tu mascota?
Y he respondido: mi perro se llama Guay.
Pero ya no tengo perro. Ni tengo cuenta nueva de correo, porque no puedo seguir rellenando casillas...
Ya no tengo mascota, por tanto lo que parece un absurdo y aburrido cuestionario para el no menos absurdo y aburrido registro virtual me ha llevado a la más absoluta, pero para nada absurda, de las tristezas.
Te has ido, cocker loco y atolondrado. De ojos chispeantes y más humanos que muchas miradas que me cruzo a diario en animales bípedos y con carrera...
No te has despedido, porque no sabías del todo que te ibas, aunque te pesaban los años a sobremanera, y tu corazón exhausto pedía un respiro en esa tosecilla de viejete que últimamente anunciaba que pasabas por una u otra habitación, dejando a tu paso el clic-clic-clic de tus patitas sobre el mármol... y que aún espero y deseo escuchar...
Mi perro, mi amigo, se ha largado de golpe, sin rechistar, en una soporífera muerte intravenosa.
Cuando te pusieron tu correíta verde, mordisqueada en tus felices tardes tumbado al sol en el jardín, para llevarte a la patibúlica clínica, pensé que te volvería a ver, y volvería a acariciarte suavemente el lomo y las orejas.
Ya no te cabrearás más como cuando gruñías para dejar claro que tenías carácter y "personalidad" al yo ir fastidiando interrumpiéndote el sueño para jugar contigo, y tirar de tus patas para que saltaras y corrieras, cuando tú sólo querías echar un sueñecito.
Que de momentos de mi niñez, de mi adolescencia, de estos últimos y extraños años, he vivido y compartido contigo Guay.
Y es que hasta tu nombre era culpa mía, y consecuencia de mis pocos años. Y es que eras así, lo más "guay" que me ha dejado la Navidad bajo el árbol.
No he vuelto a sentir lo mismo nunca más. Y ya no habrá un día de Reyes mejor que el que te encontré en el salón, en una pequeña cesta, con un enorme lazo de regalo azúl. Eras para mí, eras parte de mi vida...
Cabías en mi mano, y para que no te enfriaras envolvía tu cuerpecillo de peluche en un trapo nuevo de cocina.
Hace cuatro meses que ya no estás, después de diecisiete años, y aún parece que te subes a los pies de mi cama, a calentarme los pies.
Tantos años, tantos meses, tantos días, todos los instantes...
Pensé que estarías siempre esperando a oir el timbre de la puerta, para recibirme a puro brinco y alegría.
Ahora me siento un poquito más sola en este mundo.
Imposible reemplazarte,negro cocker loco y atolondrado, simpático amigo gruñón.

Y desde el sentimiento de pérdida, y desde el dolor, que sólo conoce y siente el que de verdad ha tenido y querido a su mascota, como alguien más en su familia, he reunido fuerzas para rendirte este homenaje, pequeñísimo, comparado con toda la grandeza de cariño que me dabas porque sí.

Te echo de menos, mi perrito.
Descansa en paz, querido Guay.

6 comentarios:

Ninja Kewens dijo...

Joe he llorao...

Algunos tampoco lo olvidamos, que tambien hemos pasado momentos acariciandolo, paseandolo, incluso riñendolo cuando hacia sus trastadas de perro sieso senil... pero seguro que con lo bien que ha vivido, y sobre todo con los años que ha durao, ahora descansa to "guay" ajin y os observa desde alguna parte meneando la colita.

Guay! ya te puedes hartar de mojama, de lubina a la espalda, de cagarte donde te de la gana, y de arrancarle las manos a todos los hijosdeputa que no te kieran

Pero yo si te kiero, colega!

Anónimo dijo...

no lo e conocido y me a echo llorar felicito a rsario troncoso por tan bonitas palabras.No kreia k mi profesora pudiera escribir tan entrañables palabras.
yo sin conocerlo lo kiero

Anónimo dijo...

Hola Rosario, Hoy estoy en la triste situación que viviste hace 4 meses y intento buscar consuelo en internet.... pero no lo encuentro cada vez estoy más triste. Mi boxer con 14 años y un cancer linfático ha dejado de sufrir hace dos horas. El veterinario hace un ratito le ha hecho dormir y le ha dado una muerte justa. Que voy a decir de él, fiel mascota, gran amigo.. ha dejado un hueco gigante en mi corazón que desde el pasado viernes en que me dijeron que había de marcharse se me quitó el hambre de golpe. Jamás, jamás pensé que podría doler de esta forma la muerte de mi perro, pero me quedo con lo positivo: su fortaleza, su honestidad, su valentia y sus preciosos ojos negros que siempre me acompañaran. En fin Rosario, que ya estoy otra vez llorando por los rincones... Un abrazo..... Carmen

Rosario Troncoso dijo...

Hola Carmen. No he mirado las entradas más antiguas, y no me dí cuenta que habías dejado un comentario. Espero que estés mejor.
Yo aún echo de menos a Guay, y hay veces en que me da la impresión que lo veo por la casa... de pura costumbre.
Es duro perder a un ser querido, y la gente no entiende a veces que podamos albergar tanto sentimiento hacia un animal... pero así es.
Es alguien de la familia que se va, y te deja un vacío enorme que no puedes llenar, aunque tengas otro perro.
No es lo mismo. El cariño es insustituible.
Un abrazo Carmen, y a ver si me dejas donde escribirte.
Yo también sigo llorando por los rincones por mi perro...

Rita Skeeter dijo...

Hola. Acabo de llegar del trabajo, y lo primero que hago siempre, durante estos días, es sentarme delante del ordenador para ver las fotos de mi gatita Shiva. Hace poco que la tuve que llevar al veterinario para sacrificar. Estaba enferma, aunque ella no lo sabía, ella creía que era una gata normal, pero su ataxia le hacía tropezar y caerse, dándose tremendos golpes por todo el cuerpo. Una enfermedad del cerebelo incurable. Hice todo lo posible por ella, desde que la encontré solita, en la playa, tan chiquitita, intentando comer un pez que le había puesto un pescador, pero aunque tenía hambre no podía comer, sus patas le impedían mantenerse en pie, y se caía constantemente. Me partió el corazón verla así y la llevé a casa, y allí estuvo feliz, jugando como podía, andando a trancas y barrancas. Era tan cariñosa, me seguía como podía, me ronroneaba y pasaba su cabecita por mi barbilla. Pero era tan doloroso ver como querías andar, y te caías una y otra vez, dándote esos porrazos en la cabeza, en los costados, hasta que el dolor te hacía darte cuenta de que no podías andar, y te quedabas quieta, gimiendo... No pude hacer más mi cielo, y bien sabe Dios que habría hecho lo que hubiera estado en mi mano. Ahora ya no sufrirás más, me gusta pensar que estás en un lugar maravilloso, y que serás feliz por siempre, y que quizá, en algún momento nos volveremos encontrar y ya no nos separaremos nunca, y podremos transmitirnos ese amor puro que a veces no logramos expresar los humanos, y así nos va... Me ha quedado un gran vacío, una pena muy honda. Te añoro tanto, cuando me pedías subirte a mi cama, para dormir acurrucada junto a mi, ronroneando hasta quedar dormida, toda feliz. Me hubiera gustado tanto protegerte de todo, y ahora dudo de si hice bien en llevarte aquel día al veterinario, sufrí tanto al verte partir, cuando te quedaste en mis brazos sin vida. Como podía ser aquello? hacía un instante estabas viva y de pronto... Antes de llevarte, te dí de comer, bebiste agua, te lavé y te puse guapa, no se porqué; y lloraba mientras haciamos todo esto, porque sabía que sería la última vez que lo harias, y que no volverias. Acariciaba tu pelo, tan suave, de seda, y el calor se escapaba de tu cuerpecito. Fue algo tan extraño, tan doloroso, el quitar una vida inocente, que ha pasado desapercibida en este mundo, pero no desapercibida para mi. No entiendo como la gente puede quitar la vida tan fácilmente, si no es capaz de devolverla. Hay tanto silencio en casa, miro a tu camita, que soy incapaz de quitar, y veo que no estás, y el vació que has dejado. No puedo todavía ni retirar tu platito de agua. Nada Shiva, te llevaré siempre dentro de mi, de alguna manera, en mi mente, en mi corazón, serás parte de mi, y aunque se que el tiempo se encargará de suavizar esta pena, siempre te recordaré con AMOR.

Anónimo dijo...

To be a adroit lenient being is to procure a amiable of openness to the far-out, an gift to guardianship uncertain things beyond your own pilot, that can govern you to be shattered in uncommonly extreme circumstances for which you were not to blame. That says something uncommonly weighty relating to the get of the righteous life: that it is based on a conviction in the uncertain and on a willingness to be exposed; it's based on being more like a weed than like a prize, something somewhat dainty, but whose acutely precise handsomeness is inseparable from that fragility.