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29 de noviembre de 2008

Albatros

En abril abordaste mi calma, y mi cama.
Rodé tus dunas, y habitamos cuevas secretas.

Vibraron mis orillas sintiendo el fiero anclaje:
se abrieron mis entrañas para darte refugio.

Te alimenté con racimos de besos, rituales
del Amor, ese extraño lugar que no conoces.

Trenzabas mis deseos a tus vicios, sabiéndome
hambrienta voraz de la pericia de tus manos.

Tú, mi propio Ulises. Yo, ensenada tranquila
cuando tu mal de fondo no me ruge en las venas.

Dormitas junto a la pasión recién agotada.
Memorizo tu contorno. Pronto no estarás.

De pronto, el suave aire del sur ahueca tus alas
húmedas, que cicatrizan antiguos naufragios.

Un temblor frío, de lluvia, me trae la certeza:
huiste como pájaro asustado en la tormenta.

He perdido el hábito de hilar para esperarte.
Y aunque vuelvas, yo no sería la misma playa.

© Rosario Troncoso

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