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1 de marzo de 2009

Verde de envidia... pero no tanto


A Penélope Cruz le han dado el óscar.

No entiendo mucho de certámenes, y de eso estoy segura, ya que siempre que hago alguna apuesta según mi propia opinión, llego a la doble conclusión de que soy una total descriteriada, con gustos extraños y nada populares, o bien el mundo se está volviendo loco de remate...

Por supuesto siempre me quedo con la primera de mis reflexiones, debido a mis luchas internas y mi autoestima bajo cero, y prefiero pensar que es cierto, que no tengo criterio, y que la lógica del planeta no está al borde de un cataclismo. La verdad es que me reconforta pensar, aunque parezca otra locura, que el problema es mío, y no una marea de paranoia generalizada que nos acecha tras las esquinas, todas las mañanas. Así que cuando yo no esté, no habrá problema. Muerto el perro...

Con todo esto de la falta de criterio no quiero decir que "Pe" no se merezca su premio. No soy nadie para decir semejante blasfemia. Supongo que la muchacha se lo merece, y mucho, claro.

Y es que si afirmo ferozmente lo contrario, daría pie a que se pensara de una servidora cosas muy feas, como que estoy verde de envidia de ver que una mujer joven, muy guapa, con mucho talento, bien vestida, forrada hasta los dientes, alcanza éxitos que todas quisiéramos para nosotras...

En mi caso envidio más a la compañera Espido Freire, por poner un ejemplo.

He de admitir que siento envidia algunas veces, como ser humano mujer imperfectisima que soy, y envidia de la única posible, la real, la que de sana tiene bien poco, porque no es que haga daño al prójimo (normalmente somos muy cobardes para hacerle puñeterías al vecino envidiado, y si se trata de un personaje de esos que flotan en el olimpo de las estrellas, además de cobardes somos pobres), porque eso de la envidia sana me toca las narices...

Sí que es verdad que lo mejor de este tipo de pasiones es extraerles ese fruto agridulce que nos ayuda a superarnos, a competir, dentro de nuestras posibilidades, en una vida donde todo, por desgracia, es una carrera, casi siempre de obstáculos.

El afán de superación no existiría de no ser envidiosos en dosis "normales" al menos en aquellos casos en que el objetivo se convierte en todo un importante reto que nos hace avanzar en la vida.

La cara amarga es la frustración cuando no está a nuestro alcance esa meta que nos trazamos, por ser irreal, imposible y caemos en la certeza de una mediocridad, que de no existir personas que tienen más, o aparentan tener más que nosotros, no sería tan dolorosa.

Pero envidias aparte, tengan o no estatuillas actrices de barrios madrileños (y me parece muy bien), hay algo que me ha llamado poderosamente la atención y que me hace caer, una vez más, en las dudas que se me plantean acerca de la cordura del mundo en el que vivo: leo en una revista que el modelito para la noche más especial de la señorita Cruz le ha costado 80.000 euros...

Precisamente la envidia no me corroe por algo que considero un atentado contra los valores, y una provocación tal y como están las cosas. Sí, aquí si me voy a mojar.

Considero que envidiar (y admirar) lo inmaterial, como son los éxitos, el prestigio, como incentivo para la superación, puede ser hasta positivo.

Pero ahora ya no hablamos de eso.

Demasiado pronto ha caído una chica normal, que admiraba a las estrellas del celuloide soñando ser una de ellas (quizás envidiaba a Nicole Kidman, nunca se sabe), en la vorágine del gasto absurdo y el empobrecimiento voraz que ataca a las raíces.

No hay que perder la perspectiva, y debemos ponernos verdes de envidia de vez en cuando, si con ello somos mejores, canalizando la energía dolorosa en bálsamo curativo.

La cuestión es que llegar a la meta cuesta, y mantenerse coherente una vez alcanzado el éxito, parece imposible visto lo visto.

Así que bueno, sí, quisiera tener la cintura de "Pe". Eso me hace concienciarme para no pasarme con la bollería en la merienda o aficionarme a la ensalada y a las sanísimas caminatas.

Sí, me pongo verde de envidia.... pero si tuviera miles de euros, no los gastaría en un vestido para lucirlo una sola noche (ni dos, ni diez). Soy envidiosa, pero no tanto.


3 comentarios:

El éxodo dijo...

El éxito, tal y como hoy está entendido, es el contra-valor más pernicioso, con diferencia, que asola a "nuestro" mundo. Para que haya un solo triunfador de la operación, se precisan muchos fracasados, qué estos venden tanto o más que aquel. No, yo no envidio a esos triunfadores; creo que el éxito verdadero sólo podrá venir cuando arrumbemos a la competitividad en el baúl de los recuerdos y demos paso a la cooperación.

Abrazos.

Ps. Por cierto, "Pe", sigue sin gustarme como actriz. En cambio la Kidman -con sus primeros planos de véritgo- me parece un auténtico genio.

X dijo...

Puestos a criticar materias económicas, el sueldo que se embolsan los actores por cada peli creo que da mucho más juego, por no hablar de que tras ganar un Oscar el caché se duplica con la mayor facilidad. Pero en esto, como en el fútbol, siempre prefiero poner una mirada más alejada. Al fin y al cabo el dinero que se maneja, además de desorbitado, es sencillamente abstracto. Uno gana cinco millones de dólares por hacer una película pero se gasta dos en una casa, medio en una boda, otro en un coche... al final parece que no se lo queda nadie, simplemente cambia de manos, pero bien podría ser dinero del Monopoly.

Confieso que he entrado a tu blog por la foto de Pe, no porque me vuelva loco, sino porque extrañaba verla una semana después de ser noticia, tal es la velocidad de nuestro tiempo.

A mí me parece mucho más interesante el tema del Oscar, y estoy de acuerdo contigo en que no eres quién para decir que no se lo merece. No te asustes, ni tú ni nadie. Ni nadie es quién, tampoco, para decir que sí. Pero los premios tienen jurado, y por lo que veo has formado parte de alguno que otro. Es el mal menor y sigue siendo la opinión de unos pocos, pero alguien tiene que decidir, y para eso existen. Y en este caso, el jurado decidió que Pe merecía el Oscar. Es tan justo y tan merecido como cualquier otro premio que pueda darse.

Pero si no lo crees, dilo, aunque no tiene por qué ser ferozmente. De nada sirve no decirlo (diciéndolo) para que no te llamen envidiosa, que total a todos nos lo habrán llamado alguna vez.

Un saludo de otro ser humano envidioso (valga la tal). Bonito blog, por cierto.

Francisco dijo...

Supongo que esa envidia( o admiración)la tenemos todos ¿no?
Y coincido en que más vale la reputación, o mejor dicho, el prestigio y lo importante que podamos hacer, que gastarnos miles de Euros, o dolares, para subirnos el estúpido ego o la autoestima,que a todos nos hace falta, sí, pero no de esta forma. Es mucho más aconsejable meternos entre pecho y espalda un helado de chocolate o de vainilla( a gusto del consumidor).

Y quiero creer que algunos podamos llegar alto sin tener que gastarnos esas desorbitadas cifras. Espero y deseo que se nos suba esa maldita autoestima que nos congela
las sienes. Y a comernos ese helado de chocolate que antes he mencionado y seguir hablando de este tema que da para mucho ¿no crees?