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13 de julio de 2012

Crónica de un 8 de junio inolvidable. En Puerto Real y con Juan José Téllez

De los bellos sueños cuesta despertar.
Me resistí lo que pude, pero no lo conseguí.
Y sí que desperté y de pronto me encontré con el final de curso, con todo el trabajo que conlleva, variedades de estrés (sí, hay estrés de muchos tipos y niveles), una cervicalgia y un cóctel de relajantes musculares, analgésicos, calor y agotamiento.
Pero el sabor del sueño permanece, y lo puedo revivir cuando quiera buceando en los recuerdos.
Publicar "El Eje Imaginario" ha sido mágico, y aunque el libro es pequeño me ha dejado momentos gigantescos y me ha reencontrado con amigos de los más queridos.
Muchas presentaciones, a cual más emotiva.
En esta ocasión dedicaré esta crónica, en mi estilo, a lo vivido en la Casa de la Juventud de Puerto Real, el viernes 8 de junio de 2012.
Cariño, palabras bellísimas de las que echan raíces y no se dejan arrastrar fácilmente por cualquier viento...
Aquí os dejo, como muestra, lo que el enormísimo Juan José Téllez, poeta de los buenos, periodista genial y maravillosa persona, y a pesar de todo mi amigo, quiso dedicarme a mi persona, y a mis versos, en Puerto Real, en la presentación en la que él hizo los honores. Un lujo, que no me merezco, pero acepto, abrazo y guardo en lo más profundo.

"Perdonen que me ponga biográfico pero quiero decirles que Rosario Troncoso nació en Cádiz, en 1978, el mismo año que yo publicaba mis primeros versos en un cuaderno titulado "Historias del desarrollo". Formulo ese albur no para presumir de edad sino para reflexionar sobre el hecho de que, al margen de canones estéticos más o menos pasajeros o al gusto de la moda, existe un común denominador entre la poética de entonces y la de ahora. Una misma atmósfera al margen de escuelas enfrentadas y de acentos líricos dispares. Entre la poesía de aquel momento histórico de España y la de este momento prehistórico del mundo y que empiezan a entrever autores tan jóvenes como Charo Troncoso, media la misma percepción; la de una realidad diversa, la tangible y la virtual, el ámbito cotidiano y el de los sueños o el de laspesadillas que se ciernen sobre nosotros como protagonistas inevitables de nuestra propia vida. Entre el espejo y el espejismo, la poesía, ese alma cargada de futuro, pasado y presente. La poesía, la de entonces y la de ahora, la de siempre, sigue significando acción como quizá pudiéramos traducir dicha palabra griega, poiesis. Acción, energía, un cuartel de invierno como la definió Luis García Montero, un eje imaginario sobre el que trazar los mapas de la resistencia frente a todos aquellos que quieren hundir la civilización bajo las tropas de la barbarie y pretenden destrozar la ternura en la punta de la bayoneta de los mercados.

Profesora de Lengua Castellana y Literatura, Licenciada en Humanidades por la universidad de Cádiz, sus inicios literarios se relacionan con su paso por la Facultad de Filosofía y Letras en donde funda junto con otros compañeros la revista Astarté, al tiempo que participa en aventuras escénicas de la mano de Jarana Teatro, la heroica y veterano formación de Alfredo Los en Puerto Real, o el Aula de Teatro de la UCA, en un camino que le llevó años más tarde, en 2009, a adaptar "La Celestina"o a participar en "Soliloquio, la voz del mundo exterior", en un montaje dirigido en Chiclana por Mino Salietto. Periodista en las páginas de El Correo de Andalucía o Cádiz Información, en cuyo suplemento de educación publica sus primeros relatos, se doctoró en Historia Contemporánea y creó en Puerto Real el boletín cultural El Camaleón y colabora en la revista Ubisunt?. Recientemente, ha publicado junto a Pedro Sánchez Sanz el primer número de la revista literaria "El ático de los gatos", que hereda el título de su muy visitado blog en internet.




Escritora de distinto registro, Rosario Troncoso se sumó en su día al autodenominado Poetas Indocentes y cuenta con publicaciones de diversa índole, como ponencias en congresos y colaboraciones en diferentes libros de historia, artículos en revistas literarias y publicaciones online, sobre aspectos tan diversos como el feminismo o la brujería que, para ciertos espíritus medievales, significaba y significa la misma cosa.


Su primer poemario apareció en Padilla Libros en 2006, bajo el título de "Huir de los Domingos", al que seguirían "Delirios y mareas" y "Juguetes de Dios". Ahora nos brinda, sin embargo, su obra más madura, bajo el título de "El eje imaginario", un libro que ha llevado a la imprenta "Ediciones en huida", al cuidado de Martín Lucía que aporta el icono de la portada y que se encuentra dividido en tres partes, bajo los epígrafes inversos del alfa y del omega: Fin, ráfagas de luz y principios. A lo largo de sus páginas, el dolor se solapa con el placer, la pasión con la muerte y el mito eterno con la fragilidad temporal del ser humano.


En su prólogo de este libro que hoy presentamos en Puerto Real, Víctor Alija ensaya una visión un tanto esotérica de su contenido, de la que yo mismo participo: "El eje imaginario de Rosario parte del dolor, no del padecimiento del sufrimiento ante la imposibilidad de lo necesitado, sino del dolor de lo que brota para llegar incluso a transformar la tormenta en un designio propio de la providencia capaz de lavar con delicadeza el pecado innato del alma humana, como la semilla rasgada de Gibran que nos obsequió con la más temprana alegría. De esta manera no es de extrañar que aves de metal llegaron de lejos/, o que un día, cualquier día,/ a la hora en que se llenan las colmenas,/ sangraron edificios/. Porque detrás de estos designios abisales, la inocencia perdura, aunque el hombre, en su sentida y cegada obscenidad, sea capaz de mantener [.] Trozos de un poema/ entre crispados dedos./ [.] Y una cicatriz de beso arrancado/ de las mismas raíces/ a pesar del empeño, de quienes por despecho, se obsesionan en hablar en lenguas diferentes tan parecidas como reflejos ante un espejo. Al final, de nada nos vale la existencia sin los demás y el camino, aunque azaroso, nos brinda la oportunidad de dejar nuestro aliento sobre las rosas".
Hay una mayor pericia literaria en esa nueva entrega poética de Charo Troncoso. Ha aprendido a manejar las palabras como un instrumento de relojería y tampoco oculta la decantación sabia de quien lee antes de escribir y por ello entronca con tradiciones precedentes o contemporáneas, como nos avisan sus citas de Reiner María Rilke o de Luis Cernuda, pero también las de Amalia Iglesias, Dolors Alberola o José Manuel Benítez Ariza, entre otras referencias cómplices como las de Carmen Moreno o Domingo F. Faílde. En estos versos de "El eje imaginario" convive la otra sentimentalidad con la poesía cuántica, el futurismo con la búsqueda ancestral de la pureza de Juan Ramón, la metrópolis urbana con las fuerzas de la naturaleza que, como un gesto tardorromántico vuelven a definirnos estados del alma.

El recuerdo entrañable de un padre puede traducirse sencillamente aquí por un viejo partido de fútbol en la radio del automóvil de la infancia o la querencia del amante cabe en un frigorífico o en la casa que deja sus luces encendidas sobre la noche del mundo. Rosario Troncoso, aquí, escribe poesía política ausentándose sin embargo de la urgencia de los teletipos. Aquí, la inquietud épica o el feroz alarido de la guerra se disfraza de mitología y hay un aroma de siemprevivas en los pretextos sobre los que levanta sus poemas. Son de hoy pero son de nunca, como el palpito de los recién nacidos o ese apocalipsis que puede ser colectivo pero que también se transforma en individual ante el desvalimiento de los más débiles en esta terrible era de los fuertes.
A Rosario Troncoso le preocupa su oficio y para ello cita palabras de Elías Moro: "A veces las palabras, como inútil hojarasca, caen en un bosque de silencio".
Y añade:


"Porque todo está escrito


son siempre los poemas la sombra de otros,


vanas palabras vestidas de calle,


adheridas a cambiantes paisajes,


decorado barato,


la mayoría de las veces".


A ella le preocupa la realidad de las cosas, pero le inquieta como escritora el nombre de las cosas, qué tipos de adjetivos se deben usar, como dijera Silvio Rodríguez, para sobreponerse literariamente a un momento tan acuciante como el que empezamos a vivir en este antiguo oasis europeo, cada vez más tomado por las arenas del desierto que va secando el viejo pozo fecundo de la democracia. Sin embargo, ella trasciende a lo inmediato, le pone sordina de belleza al grito y, con sabiduría, le da una mano de clasicismo a el estrépito de los telediarios, cuando sabe que el peor desahucio, sin duda, es el de la muerte.


Lo mejor de esta obra no es tanto su contenido, que también, sino su vaticinio. Esto es, que no nos encontramos en una estación termino sino en un punto de partida para una aventura literaria de predecibles consecuencias. Las de la emoción y las de la calidad, que Rosario Troncoso promete. Con la certeza absoluta, se lo garantizo, de que va a seguir cumpliendo dicho compromiso".
JUAN JOSÉ TÉLLEZ
8 de junio de 2012
Puerto Real


Allí en la Casa de la Juventud de mi pueblo vivimos una noche mágica, donde mis amigos Santi González (guitarrista y vocalista del grupo Bajos Fondos)  y Carmen Ramos (soprano y profesora de canto) pusieron el broche musical fusionando rock y ópera, interpretando uno de mis temas favoritos de la banda metalera finlandesa Nightwish, "Sleeping Sun". Quisieron también obsequiarnos con sendos temas en su estilo más propio y personal llenando el ambiente de buena música.
Dos amigas, Stefanie Vogth que me sorprendió con uno de mis poemas de Juguetes de Dios que ella misma ha traducido al alemán, y Merche Sarria, leyeron maravillosamente bien. Y lograron emocionarme.
Pero en este acto maravilloso no sólo presentamos un libro, sino que clausuramos la I Edición de los Encuentros con la Literatura que tuve a bien organizar con la inestimable ayuda y colaboración del Ayuntamiento de Puerto Real, contando con el cariño, el apoyo y la simpatía de su Concejal de Cultura, Manuel Izco, y la Alcaldesa de la Villa, Maribel Peinado, quien cerró la velada dedicándome unas hermosísimas palabras y obsequiándome con una precisa placa conmemorativa en agradecimiento a mi trabajo.
Tengo un amigo que en clave de humor comenta que "para qué más placas, que no sabe donde ponerlas". Yo recibí ésta encantada, emocionada y agradecida.
Entre tanto gris, un poquito de color no viene mal, y cuando alguien valora tu esfuerzo con un detalle, siempre es bienvenido, al igual que me hicieron inmensamente feliz las flores con las que me esperaba otro buen amigo, Manuel Villalpando, al llegar a la presentación.
Un numeroso público allí congregado, ávido de poesía, disfrutó conmigo (ese es mi objetivo, ningún otro).
Al final, allí en los jardines, al fresquito, compartimos vino y sushi, por gentileza de Mauricio Navascués y su empresa Gadisushi.
Es lo que se me ocurrió para agasajar a los que me demuestran su interés, su amistad y su fidelidad como lectores de un género tan complicado como la poesía.
Por todo, siempre, incombustiblemente, daré las gracias.









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