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4 de junio de 2014

Troll

Sigo en el empeño de editar libros.
Descalza y en pie, justo donde acaba el espigón, y el levante sopla fuerte y las olas abofetean luchando todo lo posible para apartarme de allí. Porque el mar así, es peligroso.
Es temeridad, seguro.
Pero nada es comparable a la emoción de abrir las cajas que recién llegan de la imprenta. Es la droga más potente que existe. Es la morfina que me alivia el dolor. Así, no me importa ahogarme, y desaparecer con la marea.

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Nadar y guardar la ropa. Nadar, simplemente.

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Hay muchas formas de violencia. De maltrato. 
Se habla de la violencia de género, la violencia "doméstica", la violencia machista. 
Hay violencia de todas las especies, tamaños, colores.
La peor, es la que se ejerce con la lengua.
Es la violencia verbal, ese otro modo de hacer daño, menos de bofetada, y más de colmillo clavado en la sien.
Prueben, prueben.
Llamen a una persona loca, desastre, tonta, inútil, bipolar, incapaz, ... todos los días, de muchos modos distintos. Prueben, prueben.
Escojan al azar. O mejor, elijan a ese conocido o a esa conocida más sensible, con el corazón más cerca de la superficie, más en carne viva. Aquel o aquella que más expuesto esté, aquel o aquella que más confíe. Y prueben, prueben.
A ver qué pasa. Por puro placer.
¿O no funciona así?

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Definitivamente voy a ir abandonando mi vicio. Iré, poco a poco, como el adicto a cualquier sustancia, eliminando de la sangre la necesidad de exhibirlo todo en las redes sociales. Es un aburrimiento. Y más cuando se convierte en una especie de manicomio con overbooking de majaretas.
Y además, ayer, me asaltó un troll.
Un amigo, muy ducho en esto de las tecnologías y la comunicación virtual, me dijo que así se denominaba a la persona (si es que lo es) que se dedica a importunar a otra, participando con comentarios estúpidos, hirientes, ofensivos. Mareando la perdiz, o volviendo locos a todas las aves posadas en la misma rama, liando una pajarraca.
Y sí, ayer mismo, un personaje surgido de la nada, dedicó su triste tiempo a robarme el mío (escaso, pero triste no). 
Lo peor, es que este troll no es verde, ni deforme (al menos por fuera), ni se esconde en las profundidades de un bosque encantado. Más bien vive a escasos kilómetros. Y sabe muy bien donde estoy...

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