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10 de enero de 2013

Girasoles

Hay días que son pura paradoja. Hoy me desperté mal. Una vieja lesión en la espalda me da la lata cuando decido olvidarla, reclamando su sitio en mi vida. Si a ello le sumamos el esfuerzo que supone vivir con casi quince kilos de cariño y ternura a cuestas, mientras corrijo, ordeno la casa o cocino, además de la falta de sueño, el resultado es un explosivo agotamiento que me hunde del todo en las profundidades del desánimo. Pero siempre hay una señal que me hace recuperar un poco el tono vital y la alegría.
Me dispongo a trabajar en casa, un poco, organizando textos, preparando lecturas, y como siempre en mis rutinas, reviso los mensajes nuevos: un correo electrónico muy especial ha llegado a mi bandeja de entrada.
Una muy amable maestra de Giner de los Ríos me pide permiso para publicar textos míos en un blog que ella misma ha creado para animar a leer a sus niños y niñas.
Se dirige a mí con respeto y admiración, elogiando mi obra, y es algo que me halaga y me proporciona aliento para seguir, nutriendo un poco mi autoestima.
Describe su blog como un lugar en la red donde se tratan con mimo a aquellos autores que los chicos y chicas "no encontrarán en los libros".
Y esto entraña una doble lectura para mí. Y no voy a ser cínica ni negativa, por una vez. Todo es agradable.
Por encima de todo, he de agradecer que se haya fijado en mí, en una poeta provinciana, de pueblo, en unos textos sin laureles, pero con muchísima sinceridad y oficio por mi parte.
He de agradecerle a esta profesional de la enseñanza y experta en biblioteconomía, el que me quiera dedicar un "cachito" de su tiempo y su vida para reseñar mis poemas, aquellos que ya no son míos, yo solo enseñé a volar a las palabras. Los poemas son como los hijos, independientes, autónomos, y duelen, duelen para siempre.
Pero lo que más le agradezco es la dosis justa de sinceridad cuando se refiere a mí como una autora a la que jamás verán en los libros de texto de Literatura. Osadamente quiero pensar que a lo mejor se equivoca, pero si es cierta esta afirmación, a lo mejor incluso me conviene.
Escribir hoy día es duro. Siempre lo fue. Pero hoy es complicado intentar ser una amapola y sobrevivir, entre girasoles. Las amapolas no dan pipas, ni aceite: no son rentables.
Y de girasoles, también muy hermosos, están los campos llenos en primavera. La diferencia entre los girasoles y las amapolas, es que éstos han nacido de manera forzosa, los plantaron, y son manipulados hasta su muerte.
Las amapolas no. Surgen, de pronto. Duran muy poco, pero su color pervive en la memoria de aquellos que a lo mejor, tuvieron la suerte de contemplarla mientras duró.
No me llamo a mí misma amapola. No lo soy. Quizás no llegue ni a cardo borriquero, pero lo que tengo muy claro es que no quiero ser un girasol.
Salud.

1 comentario:

Unknown dijo...

GRACIAS POR DEDICARME ESTAS PALABRAS,DEDICARNOS, ESTAS PALABRAS, ESPERO TE HAYA GUSTADO, AHORA SOLO ESPERO QUE ESTO LO PLASMES EN EL BLOG Y DEDIQUES UNAS PALABRAS PARA ANIMAR A LEER A ESOS PEQUEÑOS, MUCHAS GRACIAS ROSARIO, LO VOY A PUBLICAR EH? Y ME HE HECHO YA FAN TUYA EN FACE Y QUE SEPAS QUE LO POQUITO QUE HE LEIDO ME GUSTA, CREO QUE FALTAN POETAS EN EL SIGLO 21 Y ESPERO LLENES ESE HUECO. NO TE LIO MÁS ESPERO ESTÉS MEJOR... Y POR CIERTO SOLO SOY LA MAMA DE UNAS DE LAS ALUMNAS DE ESA CLASE INTENTANDO CON POQUITOS MEDIOS, MI TIEMPO Y DEDICACIÓN, COLABORAR CON LA EDUCACIÓN DE NUESTROS NIÑOS, MUCHOS BESOS Y TE AGRADEZCO DE NUEVO ESAS PALABRAS.