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2 de febrero de 2013

Calvin Klein

Tiramisú.
Amaretto impregnando a traición el suave bizcocho, el café, el abrazo del queso mascarpone, el cacao y los ojos más verdes que existen.
El sopor y la inconsciencia más dulce, justo después del sexo.

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Es curioso como he claudicado sin remedio. Me he rendido ante una marca. Pensé que nunca sucedería.
Es curioso como una C y una K bordadas en la ropa interior pueden ejercer sobre mí tan poderosa influencia. Curioso fetiche y puerta del deseo.
Y eso que dormitaban quizás las ganas de ser joven, las ganas de recuperar noches en plena rutina, al borde del abismo, desafiando al vigía incansable que nos ordena la vida, esquivando los gritos de un reloj despertador que ya se sabe mi nombre.
Ha sido divertido inventar que descubro en el cajón, aunque sea yo quien guarda tu ropa,  justo el sueño de esta noche, cuando vengas, y viajemos, en silencio, cuando todo duerma, bien lejos de este cuarto, y volvamos a esa cama infinita, a esa suite con suelo de moqueta azul, regado de granos de arroz teñidos  de violeta, los últimos que aguantaron, toda la tarde y toda la noche, dentro de mi vestido.
Esta vez sí nos beberemos el cava...

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