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19 de agosto de 2013

Apuntes. Reactivando.

Eme llegó a Tenerife. Tenía que salir de Jerez y solo serían quince días en casa de Jota, su amigo de la infancia. No le haría daño cambiar de aires. Y no conocía las islas. Y a lo mejor, quien sabe, se quedaría allí, dejando atrás algo que amaba demasiado. Iba contracorriente.
Hacía solo un mes que habían roto. Solo treinta y un días sin él, extrañándolo y extrañándose de estar sola y seguir en pie.
Aterrizó en la niebla más espesa. Pensó que aquella niebla salía a borbotones de su cabeza confusa, que se trataba  del vaho de su propia tristeza.
Pronto recordó lo que leyó en algún sitio acerca de la catástrofe aérea en ese mismo aeropuerto, a finales de los setenta: la colisión de dos aviones, la confusión, la niebla,...
Al tiempo que intentaba alejar de sí cualquier pensamiento que incrementara su jaqueca, divisó a lo lejos a Jota llegar acompañado de una amiga. Venían por ella.
En el coche, los tres, tras las palabras de saludo de rigor, viajaron a Santa Cruz en silencio.
Eme no traía expectativas en la maleta, solo silencio y alguna ropa con restos de pasado.
La amiga de Jota la observa con temor. Sabe que una mujer sola, que ya no es una península atada a tierra, es una isla salvaje, nueva, hambrienta y peligrosa.
La amiga de Jota lo quiere para sí. Sabe que su amigo, en quién ha invertido dignidad, grandes dosis de paciencia y deseos dormidos, vive en un apartamento pequeño, de un solo dormitorio.
La niebla, la colisión, el dolor.
Dejan en casa a la amiga de Jota, después de compartir en una zumería, otras tantas palabras vacías.
Suben pronto al apartamento. Pesa poco la maleta, menos aún, en los brazos fuertes y libres de Jota.
Eme abre la maleta y esparce sus recuerdos y sus prendas en la cama. 
Ríen, rememoran momentos, miran fotos, beben, se aproximan. Él quería que Eme llegara. Creció su ansia con cada etapa que ella quemaba, lejos siempre de su alcance. Pero ahora estaban aquí, rodeados de todo el océano. A kilómetros de la aridez de tantos días idiotas.
_Date si quieres una ducha, debes estar agotada.
_Contigo.
Vapor y euforia, espantan a la niebla.
El sol se despide, tras las cortinas del pequeño apartamento de un solo dormitorio.
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