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10 de enero de 2014

Bigotes

Presentar libros en restaurantes, cafeterías y locales ajenos al protocolo propio de los actos literarios formales tiene su punto. Sí. Más bien su punto y aparte. Y me está gustando esto de desmarcarme de lo institucional, y de las banderas detrás de mí en las fotografías de rigor.
Ella dice que estoy dando pasos para atrás. Que iba por buen camino y que me he desviado. Que me volveré chabacana y vulgar si sigo así.
Es posible que ser vulgar sea mucho más divertido, si en la vulgaridad caben todos los momentos que estoy viviendo últimamente, antes y después del vino.

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Cuando sea mayor quiero ser Fernando Quiñones.


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Soy definitivamente masoquista. Sigo trabajando en antologías.
A sabiendas de que una antología, es, salvo raras excepciones, una suerte de experimento social, un "gran hermano" literario, donde se reúnen nombres (cada uno elegido por su padre y por su madre) diversos, y dispersos.
Esto pasa cuando los nombres son de autores vivos. Tan vivos que son y están, cada uno con sus exigencias, a cual más estrafalaria. Pero claro, yo también lo soy. Estrafalaria, digo.
De cada una editada  (no es que sean tantas) he aprendido algo nuevo sobre la condición humana, y algo bueno también habrá. Lo más útil es tener tan claro, que debo huir, en adelante, de reunir la diversidad, por mucho criterio de calidad que se tenga o que se intente.
Es reafirmarse en una tendencia a esconderme en un caparazón de humo. Será una inclinación al aislamiento. No lo sé. 
Lo único cierto es este dolor de cabeza, en las raíces del pelo, y detrás de los ojos.

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Me decía un admirado amigo escritor, muy respetable, que la poesía sí que tiene sexo, mucho sexo. Hay poesía mujer y poesía hombre. Que se nota, en el ritmo interno, en la técnica, en las imágenes,... que la poesía se contonea según el nivel de estrógenos, y que los poetas gordos y bigotudos, muestran versos más agresivos (¿mejores?).
No sé si tiene razón. No sé si darle la razón. Me mantengo en silencio y lo escucho.
No quiero que mi primer impulso de pensar que esto es una gilipollez me enemiste con él. Temo ser demasiado agresiva, y que los bigotes me crezcan. Aunque a lo mejor me convendría. En fin.

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Lo peor que he hecho: otra antología, y además, de poesía escrita por mujeres. Cualquier día de estos, si me busco, me encuentro, en las esquelas.

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