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10 de febrero de 2014

Tontos

Me han enseñado mal los conceptos.
No sé a quién he de culpar. Imagino que ya es tarde para buscar otros responsables de mis actos, más allá de mi persona.
Y es que para mí, la lealtad y el agradecimiento, por ejemplo, tienen una naturaleza concreta. Y las más de las veces, choca de frente con los valores (o no valores) que tienen los demás.

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Algunas personas poseen una poderosa habilidad: la de crear grupos, redes sociales, auténticas redes sociales a su alrededor. La parte oscura de esa habilidad se representa cuando, lejos de ser una virtud, o algo digno de satisfacción personal, es más bien todo lo contrario, y provoca, a aquellos que tienen ese don, una profundísima crisis. Tristeza pegajosa y estúpida.
Ocurre cuando los que han ido enriqueciendo las vidas de los que se unen entre sí, por una causa común (véase, asociación, grupo, pandilla), son excluidos abruptamente, y sin motivo aparente. Quizás sobran, no interesan, molestan. 
Volvemos a la primera parte de esta entrada.
Y otra vez el desconcierto.

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Los que son tontos, lo son. Y lo serán siempre. Y no hay solución.
Lo malo, es cuando no lo saben, y van engordando en su tontería hasta niveles estratosféricos, sobrealimentándose con las mentiras de los "halagadores compulsivos" (de esta especie hablaré en otra ocasión, cuando me refiera a los palmeros tóxicos).
Hay muchos tipos de tontos: los que lo son a propósito, los que se sienten orgullosos de serlo, los que ven tontos al resto, también (en un intento de no sentirse tan solos), los tonto-gilipollas (inofensivos), los tontos interesados (esos ya son más chungos), y los tontos que lo son, a pesar de que podrían ser otra cosa. Pero los tontos obsesivos son los peores. Suelen ocupar "carguitos" y creen que dominan la política.
Esos intentan convertir en tontos a los que aún no lo son, pero les falta poco.
Van por la vida, sin apenas materia gris. Y pueden contagiar, como los zombies, al resto de los mortales.
 
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En apenas dos semanas volveré a Vejer, mi refugio particular. Necesito perderme entre sus calles, y recordar que estoy viva.

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