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10 de marzo de 2014

El equilibrio, la inquietud y Khal Drogo (ahora que se acerca el estreno de la cuarta temporada de Juego de Tronos). Khal is coming.

Esta columna fue publicada (antes de que desapareciera de los archivos del periódico digital, por el cambio de plataforma) en Cádiz Noticias, el viernes 11 octubre de 2013.
Obtuvo más de cuatrocientas visitas en pocas horas, y multitud de comentarios (muchos anónimos, machistas y soeces). Me divertí mucho observando la reacción desproporcionada de algunas personas ante un artículo que para nada perseguía provocar, y cuyo tono es suavemente irónico.
Aquí la tenéis, por alusiones a la columna de Susana Suárez Aridiello publicada ayer, lunes 10 de marzo de 2014 en el medio digital Diario Bahía de Cádiz.
Gracias amiga.
Disfruten.

El equilibrio, la inquietud y Khal Drogo
Desde que entró en mi vida (no sé si para arruinarla), Juego de Tronos, cada vez que me preguntan cómo es mi hombre perfecto, automáticamente pienso en Khal Drogo.
Es mi subconsciente ligeramente perturbado por una extraña conexión con mi esencia de hembra primitiva, ansiosa de un macho medio desnudo, y simple, a caballo todo el día, que hable poco (o solo en lengua dothraki, que para el caso es lo mismo) y que vaya por la vida arrancándole de cuajo la lengua a los enemigos. Vamos, un brutote con larga y  gruesa trenza, para que al llegar la noche, ya en el corazón del khalasar (que ya se sabe que no hay intimidad ninguna) pueda yo, ay de mí, hembra primitiva, deshacérsela lenta y tiernamente (la trenza, se entiende). En fin. Empiezo a preocuparme por la involución que estoy experimentando en mis carnes (bueno, qué más quisiera, más bien en sueños).
Hará solo unos años, cuando me preguntaban por mi tipo de hombre, yo habría respondido que un intelectual, un buen conversador, un cocinillas, tierno y simpático a la par que atractivo, nada machista sino más bien lo contrario, ecologista,  y por supuesto, buen padre.
Y sí, adoro a mi pareja, pero tengo que encontrar el motivo por el que últimamente me asaltan deseos irrefrenables de salir a campo abierto, a pleno sol (yo no me quemo, soy ignífuga…) en busca de un enorme melenudo con el pecho tatuado, sin modales refinados, que no usa after shave, ni  Calvin Klein y por supuesto no conoce la filmografía de Woody Allen.
 ¿Qué ha pasado con mi yo feminista radical? ¿Qué ha pasado con mi forma avanzada y cosmopolita de enfocar la vida? ¿Quiero fuerza y protección silenciosa, en lugar de conversaciones sesudas? ¿Quiero que un bárbaro olímpico me lleve en brazos a todas partes como si mi cuerpo fuera una pluma, y olvidarme de la dieta y el biomanán?
Imagino que ustedes pensarán que tiene mucha guasa que una mujer moderna, con inquietudes culturales, más o menos equilibrada, felizmente casada y madre en la vida, además de trabajadora, piense estas cosas tan absurdas, y tenga la desfachatez de expresarlas. En medio de mi agobio, busco, me documento, investigo, y hago encuestas varias. Resulta que no soy la única con esencia de hembra primitiva a flor de piel. Somos más. Me siento aliviada.
Llego a la conclusión de que a lo mejor es muy sano fantasear con ir medio desnuda por la vida, y disfrutar de la libertad y los instintos más puros con un hombre verdadero, sin engolamientos ni prejuicios ni pamplinas.
Quiero pensar que es una racha en la que se está “reafirmando” (o volatilizando) mi personalidad, y que traiciono mis férreos principios que defienden la igualdad, en todos los sentidos. Y es que he leído por ahí que estos libros del honorable Sir Martin son considerados misóginos, machistas. Puede ser. Por eso me siento culpable, por la fascinación que me provocan. Pero no olvidemos a la líder absoluta Daenerys, que sin perder un ápice de su feminidad, encarna el poder y la inteligencia de una estratega.
Volviendo al tema más frívolo, me centraré en la colosal musculatura de Momoa encarnando al Khal. Y creo que a lo mejor, si pongo pósters varios por las paredes de mi despacho, alcanzo la redención y me relajo un poco.
He ahí quizás la verdadera igualdad, la que está en el disfrute. Y es que antaño, si ellos  se obsesionaban con la Salerno (sí, también los exquisitos tenían en la retina la imagen fija y pezonil de aquella mítica Nochevieja de los ochenta) o Samantha Fox, nadie los tildaba de perturbados, horteras. Incluso ahora, los calendarios diversos o la última muchacha que salga de un reality con ganas de quitarse la ropa, también valen.
Nosotras, antaño también, teníamos que admirar o enamorarnos de Pierce Brosnan, quizás, o Michael J. Fox, en fin, todo muy light, o muy terrorífico, en el caso de Kirk Cameron. Y poca carne había (poca, muy poca).
Afortunadamente los tiempos cambian, y el cielo (y la HBO) nos regala ejemplares contundentes. No nos olvidemos de Eric Nothman en True Blood…
También los superhéroes tienen lo suyo para que las féminas lo pasemos en grande.

Así que bueno, no hay lugar para la culpa en mí, que eso sí que es nefasto para la salud. A seguir soñando, que es gratis, y a lo mejor, quién sabe, un día de estos, al salir de casa para ir a trabajar, en lugar del coche, aparcados hay tres dragones esperándome para volar, lejos, más allá del Mar Angosto o a Valdelagrana, lo mismo da.

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