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28 de marzo de 2016

Resucitar más tarde

El abandono es una hoja afilada de cuchillo.
Corta. Secciona los tendones y desgarra la frágil estructura que todo lo sostiene. Nunca he caído. Yo no, todavía.
Desconozco qué hay, después del miedo. No hay peor abismo que el miedo. 
No hay miedo peor, que perder incluso los recuerdos, atesorados como pequeñas joyas infantiles: cromos, un viejo yoyó, un pequeño muñeco descolorido, un beso de alguien sin rostro, conchas de la playa.
El peor de los finales. La peor de las muertes, es perder la fe, incluso en la certeza. Nacer. Morir. Y que no importe. Que a nadie le importe. 
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Hace un instante, todo era un nombre, un súbito escalofrío. Esperanza, incluso. 
Este dolor es el mismo, ahora, es el mismo.
En fotos y sonrisas, tú felicitas su cumpleaños. Que la quieres. Que la admiras. Dices. Agradeces que soporte tus cosas, que te sostenga a ti, y a la familia. Tu familia.
Que la quieres. Que la admiras. Que es fuerte, y preciosa.
Es su cumpleaños. El de ella.
Y este dolor, el mío, como un llanto mínimo, un susurro en la sangre, es el mismo de siempre. 

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Los columpios sirven para lo mismo en todos los lugares. 
Como las bombas.

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La vieron deslizarse al otro lado. Líquida.
Desapareció un domingo por la tarde que llovía.
No es un hecho aislado: el tedio dilata la corteza que protege la cordura y se abren grietas súbitas. Por ellas se cuelan nombres olvidados.
Vuelve el temblor inoportuno y el miedo a que la propia sangre tenga sentido.
Mejor blindar la voluntad, y sellar los labios, ante el espejismo de una vida distinta.
Esas ráfagas de luz, ya son espectros. Delirios.
Es recomendable salvar de las corrientes eléctricas, la postura inquebrantable: seguridad y cama conocida.
Acechan otros caminos, pantanosos quizás, cuajados de peligros, y otras bocas, en las que vencen los monstruos.
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Quizás resucitar más tarde. Cuando pase la guerra. Cuando huela a pan en las calles.
Volver de la sepultura, y mezclarse con la gente y tomar en brazos a los niños.
Quizás, morir. Cerrar los ojos, y olvidar la noche, y el día, y los malos sueños.

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